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El valor del nomenclátor de la ciudad

En el marco del ciclo ¡Valor! 10 debates sobre la construcción del valor de la ciudad en la Virreina Centre de la Imatge se han abierto reflexiones sobre por qué una calle se llama como se llama, cómo se deciden los nombres de las calles, si todos los personajes que tienen nombre en una calle se merecen realmente este reconocimiento y qué valores tienen que transmitir los nombres de las calles.

 

Bajo el título “El nomenclátor vivo: Samaranch, Pujol y Colón suben y bajan de valor”, se abre un debate con Pilar Serrano, secretaria técnica de la Ponencia del Nomenclátor de las calles de Barcelona y de la Comisión de la Memoria Histórica de Barcelona y con Francesc Mercader, miembro de Sants-Montjuic por la Independencia, impulsores de la paralización de la Avenida Samaranch, moderado por Andrea Valdés, politóloga, periodista y escritora que ha colaborado en diferentes proyectos artísticos. El debate, además de las aportaciones del público, se ha articulado desde tres visiones: la del artista como moderadora, Pilar Serrano como representante de la institución para describir como se toman las decisiones y cómo se ejecutan y Francesc Mercader, como representante del sector más crítico. El nomenclátor mantiene vivo un determinado relato de la ciudad. La revisión del nomenclátor se considera un acto de iconoclastia. Las propuestas de nombrar calles y avenidas de personajes recientes de la historia política catalana como Samaranch o Pujol han suscitado reacciones ciudadanas a favor y en contra.

Pilar Serrano describe que “la ponencia del Nomenclátor, que levanta reales pasiones entre los ciudadanos y es la que aprueba en primer término los nombres de las calles, está formada por personal técnico y político pero también por entendidos en heráldica y en onomástica”. ¿Bajo qué criterios se escoge el nombre de una calle? El nomenclátor establece unos criterios de objetividad y se valora si el personaje ha sido influyente en el seno de la ciudad. “El nomenclátor es el reflejo de la cultura y de la historia de la ciudad”, afirma Serrano.




En este sentido Francesc Mercader, miembro de la entidad que en el 2013 junto con 33 asociaciones más se implicó en la denuncia ciudadana de la propuesta de la Avenida de Juan Antoni Samaranch, defendió que “es inadmisible que un personaje vinculado con el franquismo e implicado en la corrupción del Comité Olímpico Internacional (COI) tenga el nombre de una calle”. Por su parte, Serrano se mostró contraria este argumento porque obedece a un criterio político y defiende que Samaranch situó Cataluña al plano internacional”. La asignación de los nombres de las calles va cambiando y el nomenclátor de cada periodo histórico tiene relación con el momento sociocultural.

En el marco del debate, los participantes proponen que los criterios del nomenclátor se basen en el consenso a la hora de asignar calles a pesar de que se admite que es complicado. Por el contrario, otros asistentes defienden que la vida urbana y social no es de consenso y se preguntan porque el nomenclátor tiene que renegar del conflicto mismo de la vida social y reflexionan sobre porque se tiene que llegar al consenso o si tiene que reflejar estas disensiones sociales.

Asimismo se comentó que “el 50% de las calles de Barcelona tienen nombres de topónimos, accidentes geográficos o nombres genéricos, y el otro 50%, nombres de personas pero que los políticos representan una parte pequeña del nomenclátor de la ciudad. La discriminación histórica de la mujer hace que en estos momentos los nombres de hombres designen el 43% de las calles con nombre de personas y los de mujeres, sólo el 7%. En los últimos años, pero, ha habido una voluntad por parte del Ayuntamiento de corregir este desequilibrio histórico. Se argumenta también que la funcionalidad del nomenclátor, desde el punto de vista lingüístico, es la denominación de la calle no la de función honorífica.

Para terminar, en el debate se remarca el concepto del valor y se plantea la posibilidad de desvalorizar nombres que provienen del pasado, que por muchas razones tendrían que desaparecer del nomenclátor, e intentar proponer nuevos términos bajo un criterio de valorización.


Sílvia Porta Simó