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La realidad de la multiculturalidad

¿Es possible en un mundo de conflictos geopolíticos raciales y migratorios utilizar el discurso de la diversidad cultural o de la multiculturalidad que el Fórum 2004 abanderó como marca de la ciudad? ¿Los museos, a través de la multiculturalidad, pueden fomentar el discurso cohesionador de la historia? Son algunas de las reflexiones analizadas en el marco del ciclo ¡Valor! 10 debates sobre la construcción del valor de la ciudad en la Virreina Centre de la Imatge de Barcelona.

 

Bajo el título La plusvalía de la multiculturalidad: ¿historia de un fracaso? se ha organizado un debate a través dos miradas diferentes con Pep Fornés, antropólogo, gestor cultural y director del Museo Etnológic -Museo de las Culturas del Mundo y con Éric Fassin, sociólogo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París 8, investigador del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) y autor de libros sobre temas sociales y raciales. El debate organizado en colaboración con el Grupo de Investigación sobre Nuevas visiones de la comunidad del Centro Mujer y Literatura – Cátedra UNESCO Mujeres, Desarrollo y Culturas de la Universidad de Barcelona fue moderado por Pep Dardanyà, antropólogo y artista.

Los datos confirman que la ciudad de Barcelona ha recibido históricamente, por diversas razones, la llegada de ciudadanos procedentes de todo el mundo pero ha sido en los últimos 20 años que este fenómeno se ha producido con más vehemencia y visibilidad. En 1991 los extranjeros empadronados legalmente inscritos en la ciudad eran del 1,4% y en 2009, que marca la máxima hasta ahora, eran del 18,4%. Actualmente nos encontramos en el 17,9% en toda la ciudad. Barrios como Ciutat Vella tiene un porcentaje de inmigración que se sitúa en el 42,2%. Desde de los Juegos Olímpicos del 1992 la ciudad se ha posicionado en un lugar central en el mercado del turismo global. Barcelona actualmente es una de las ciudades más visitadas del mundo. En el año 1990 visitaron la ciudad casi un 1,800.000 turistas y en 2014, 7,874.000 personas. Son datos que suponen cambios sociales y estructurales que en un plazo corto de tiempo ha realizado la ciudad convirtiéndose en un lugar donde conviven comunidades muy diversas en un espacio geográfico muy reducido. La diversidad cultural y social que esto supone ha transformado significativamente la ciudad y las acciones políticas propuestas por las administraciones públicas al respecto de esta nueva realidad, describe Pep Dardanyà.

La gestión de esta situación ha llevado a las diferentes administraciones a proponer acciones diversas durante este periodo como La Festa de la Diversitat, un evento organizado por SOS Racisme que duró del 1993 hasta el 2003 que proponía acciones de cohesión de las diferentes comunidades a través del contacto festivo. Otro momento significativo fue el Fòrum de les Cultures 2004 sobre el uso de los discursos institucionales acerca del multiculturalismo y la interculturalidad con el objetivo falaz de sumar a la marca Barcelona las plusvalías implícitas de estos conceptos y en el evento en particular. Y años más tarde y como fruto de este proceso, Barcelona se suma al Año Europeo del Diálogo Intercultural 2008, participando significativamente a través de diferentes eventos y que culmina con el Pla Barcelona Intercultural del 2010, que se genera desde el Ayuntamiento de Barcelona. La diversidad cultural se ha transformado en el principio básico de las políticas culturales de la ciudad. Estas propuestas demuestran la importancia y el valor de las cuestiones relacionadas con la construcción de la ciudad culturalmente diversa y con la dificultad de la gestión. Se constata que actualmente se han reducido radicalmente tanto las propuestas de actividades de reflexión como los discursos en relación a su gestión. ¿Hemos superado los discursos sobre diversidad por agotamiento? ¿Hemos pasado del discurso de la multiculturalidad a un modelo de intercambio? ¿Cómo se deben gestionar estas diferencias de clase y de género? ¿Hemos cambiado los discursos sobre la diversidad cultural por los discursos de la identidad nacional? ¿Qué papel tienen los museos de etnología en estos procesos de representación, de resignificación y de reflexión?

Por su parte Pep Fornés presenta un decálogo en el que expone que “el patrimonio es una construcción social, pero también política e ideológica. El patrimonio es fruto de la selección intencionada. No todo se expone en un museo. El patrimonio está relacionado con la construcción identitaria. Los criterios de selección, ordenación e interpretación de los objetos que se identifican como patrimonio cambian. El patrimonio etnológico es el patrimonio de la gente corriente. El patrimonio etnológico puede llegar a ser incómodo en la medida que refleja la realidad social. El patrimonio etnológico está constituido por objetos capaces de motivar y estimular discursos múltiples. Una nueva museología social para el patrimonio etnológico debe incluir la participación social, ética y estética y armonizarse. Un museo que no provoque emociones no tiene sentido hoy”. La idea actual de patrimonio es reciente. Como conclusión Fornés afirma que “cualquier persona que visite el museo debe sentirse cómoda. La cultura de origen del patrimonio está descrita con respeto”.

Asimismo Éric Fassin, ofrece una mirada desde el exterior y comenta las dificultades e implicaciones de usar el concepto de cultura. “Si se habla de política cultural, el término más importante es política y no cultura”. A la vez defiende que la principal resistencia que existe es la tecno-estructura. En el marco de la participación por parte de los asistentes, se reflexionó sobre la ausencia de personas de “otras” razas e orígenes en un debate centrado en la multiculturalidad.


Sílvia Porta Simó