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La construcción de la verdad

¿En qué espacios se construye la verdad? ¿Dónde la podemos encontrar? ¿En qué formatos se tiene que preservar la credibilidad informativa? Cada vez más artistas, fotógrafos, cineastas y periodistas trabajan en la exploración de una cultura de la sospecha respecto a los espacios validados de producción de información. ¿Qué nuevos modelos de credibilidad se pueden configurar? ¿El fake, por definición, se construye con el objetivo de ser descubierto?

 

En el marco del ciclo ¡Valor! 10 debates sobre la construcción del valor de la ciudad en la Virreina Centro de la Imagen, Sergi Vicente, periodista y director de Barcelona Televisión, y Joan Fontcuberta, artista, comisario de exposiciones y teórico de la fotografía han debatido y reflexionado sobre el fake como ejercicio periodístico y artístico. El debate La opción de la confusión: el valor político de la ficción moderado por Andrés Hispano, realizador audiovisual y comisario de exposiciones, propone una reflexión y una valoración del fake y de los ejercicios de intrusismo en medios que se los presupone cierta objetividad y que traen décadas aplicándose. Haciendo una mirada histórica el fake nace a la Posguerra de la Segunda Guerra Mundial, con una cierta complicidad con el espectador. El fake, el falso documental, tiene que mantener en un punto de su relato un elemento exagerado que permita comprender que en un momento determinado se destapa la verdad.




Para Joan Fontcuberta un fake es una especie de dispositivo o de género que afecta a diferentes ámbitos de nuestra vida como la cultura popular, al arte, al periodismo, a la política o a la ciencia. Lo podemos considerar como hacer pasar una falsedad como verdadera, es decir, un contenido que sabemos que es falso como creíble. En el núcleo de esta definición se involucran dos conceptos claves: el de verdad y el de engaño. Para llegar al status de fake antes se tienen que revisar una serie de elementos y conceptos que lo preparan. El primero es el dominio semántico de la falsedad, la no equivalencia entre el discurso y el hecho y es una propiedad del habla, del juicio y competencia de la deontología; la mentira es la voluntad consciente de desviar el discurso del hecho y es competencia de la ética; el engaño es la voluntad consciente que una mentira sea aceptada por el receptor como verdad y por lo tanto, es competencia de la ética; el fraude es un engaño que el emisor obtiene un beneficio y el receptor un perjuicio y es competencia de la ley, del ordenamiento jurídico; la impostura es un engaño con apariencia de la verdad y es competencia de la ética; la ficción es fingida, simulada y es un discurso que tiene que ver con la fantasía e imaginación de los hechos y es competencia de la epistemología y finalmente se llega al fake, que es una ficción impostada. Una ficción con apariencia de verdad que se infiltra en los dispositivos de transmisión de la información y se camufla bajo la apariencia de un género familiar irreconocible. En el fake hay dos conceptos claves: infiltración y camuflaje y no es competencia ni de la ética ni la ley sino de la política, de un determinado activismo que intenta incidir en una conciencia pública del receptor.

¿Cuáles son las estrategias del fake? Fontcuberta presenta un decálogo para describirlo a través de un argumento creíble y plausible, la predisposición de la audiencia, la oportunidad en el tiempo y en el espacio, el encuadre del relato dentro de un marco verdadero, dejar margen a la ambigüedad y el equívoco, activar los perjuicios del público, desviar la atención utilizando las técnicas del ilusionista, desimplicarse del relato pero implicar el receptor y aplicar las retóricas de persuasión tradicional. Aplicando estas 10 pautas se tiene unas garantías de éxito. ¿Y cuáles son las motivaciones del fake? Según varios autores el fake es parodia, crítica y es deconstrucción de la información. A partir de ahora ya no sabemos qué información es fake y qué no lo es y esto provoca un estado de alerta. “La actitud de desconfianza, de recelo, de sospecha, de duda en definitiva que es la base del conocimiento y de la ciencia tiene que ser un criterio que dicte nuestras relaciones con la realidad, un criterio que nos tiene que prevenir para revisar críticamente la información que recibimos”, sentencia el teórico de fotografía.

Sergi Vicente en el marco del debate afirma que “en periodismo siempre hay una subjetividad y la objetividad que es difícil de conseguir. No obstante se tiene que intentar encontrar esta objetividad pero también combinada con un esfuerzo de sinceridad porque por mucho que se contrasten partes de una misma verdad se tiene que ser muy honesto con tu audiencia”. Y añade que “la manipulación siempre ha existido y por eso la credibilidad es difícil de conseguir. Es picar piedra, ganártelo a pulso. Cuesta mucho ganártela y muy poco de perderla cuando no has sido riguroso. No hay margen de error y se tiene que ser muy escrupuloso”. Vicente insiste en la dificultad de la credibilidad pero apunta elementos disruptivos que lo acentúan como por ejemplo la aceleración de la información, las cosas se producen muy rápido, se prioriza la inmediatez y se contrasta poco la información. La inmediatez te convierte en un esclavo. Otro factor es la infoxicación, tenemos un alud de información que genera serios retos no sólo de transmitir sino por parte de la audiencia a la hora de escoger a qué informaciones se les otorga credibilidad. Y también un terreno abocado a la idiotización de la sociedad o de la hipnosis y en la democratización del acceso a la información pero también de la producción y distribución de la misma. El periodista valora las personas que se dedican a hacer fakes, a remover esta hipnosis o idiotización de la sociedad porque nos den como espectadores un toque de atención. Estando en alerta podremos profundizar en nuevas tendencias como el periodismo de datos, los datos no engañan, y con el software de detección de fotografías montadas, puntualiza el director de BTV.

Para acabar se afirma que el fake necesita ser descubierto porque si no se queda con engaño. Tiene que incorporar las claves porque el público lo llegue a descubrir. Sino no es un fake efectiva. Respecto a los límites del fake, Fontcuberta apunta que el sentido común te guía de los riesgos que puede generar. Asimismo comenta que nadie tiene la exclusiva y no es patrimonio de ningún ámbito. Vicente concluye afirmando que el fake no se puede institucionalizar y no se puede producir sistemáticamente.


Sílvia Porta Simó